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nydus/The Return of Sherlock HolmesPublic
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La aventura de Black Peter

acudido Hopkins y yo en su auxilio. Solo cuando le hube presionado la fría boca del revólver contra la sien, comprendió por fin que toda resistencia era inútila. Le atamos los tobillos con una cuerda y nos pusimos de pie, sin aliento tras la lucha.

—Debo pedirle mil disculpas, Hopkins —dijo Sherlock Holmes—. Me temo que los huevos revueltos están fríos. Sin embargo, disfrutará mucho mejor del resto de su desayuno, ¿no es así?, con la satisfacción de saber que ha llevado su caso a una conclusión triunfal.

Stanley Hopkins se quedó sin habla por la sorpresa.

—No sé qué decir, señor Holmes —soltó por fin, con el rostro muy encendido—. Me parece que he estado haciendo el ridículo desde el principio. Ahora comprendo, lo que nunca debí olvidar, que yo soy el discípulo y usted el maestro. Aún ahora veo lo que ha hecho, pero no sé cómo lo ha hecho ni qué significa.

—Vaya, vaya —dijo Holmes con buen humor—. Todos aprendemos de la experiencia, y su lección esta vez es que nunca debe perder de vista la alternativa. Estaba tan absorto en el joven Neligan que no le sobraba un solo pensamiento para Patrick Cairns, el verdadero asesino de Peter Carey.

La voz ronca del marino irrumpió en nuestra conversación.

—Mire usted, señor —dijo—, no me quejo de que me traten de esta manera, pero me gustaría que llamasen a las cosas por su nombre. Usted dice que asesiné a Peter Carey; yo digo que maté a Peter Carey, y ahí está toda la diferencia. Quizá no crea lo que digo. Quizá piense que solo le estoy soltando una milonga.

—En absoluto —dijo Holmes—. Oigamos lo que tiene que decir.

—Pronto está contado y, por Dios, cada palabra es la verdad. Yo conocía a Black Peter, y cuando sacó su cuchillo le atravesé un arpón bien rápido,

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