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nydus/The Return of Sherlock HolmesPublic
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La aventura de la segunda mancha

Uno se ladeó cuando clavó las uñas en el borde. Se abrió hacia atrás como la tapa de una caja. Una pequeña cavidad negra quedó al descubierto. Holmes introdujo en ella su ávida mano y la retiró con un amargo gruñido de cólera y decepción. Estaba vacía.

“¡Rápido, Watson, rápido! ¡Vuelva a guardarlo!”

Apenas se había vuelto a colocar la tapa de madera y se acababa de enderezar la alfombrilla cuando se oyó la voz de Lestrade en el pasillo. Encontró a Holmes apoyado lánguidamente contra la chimenea, resignado y paciente, esforzándose por disimular sus bostezos irreprimibles.

–Perdone que le haya hecho esperar, Mr. Holmes, ya veo que está aburrido a más no poder con todo este asunto. Bueno, ha confesado y punto. Pase por aquí, MacPherson. Cuente a estos caballeros su conducta de todo punto inexcusable.

El gran agente, muy caluroso y penitente, entró de soslayo en la habitación.

“No era mi intención causar daño, señor, se lo aseguro. La joven vino a la puerta anoche; se equivocó de casa, eso fue. Y luego nos pusimos a hablar. Es solitario, cuando uno está de servicio aquí todo el día”.

—Bueno, ¿qué pasó entonces?

“Quiso ver dónde se había cometido el crimen; decía que lo había leído en los periódicos. Era una joven muy respetuosa y de buenas palabras, señor, y no vi ningún mal en dejar que echara un vistazo. Cuando vio aquella mancha en la alfombra, al suelo que se fue, y quedó como si estuviera muerta. Fui corriendo a la parte de atrás por un poco de agua, pero no logré que volviera en sí. Entonces di la vuelta a la esquina hasta El Plantón de Hiedra por un poco de brandy, y para cuando lo hube

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