Pero si he dado con la verdadera explicación de este único pequeño fenómeno, entonces en un instante el caso pasa de ser corriente a extraordinariamente notable, pues solo puede significar que lady Brackenstall y su doncella nos han mentido deliberadamente, que no hay que creer ni una sola palabra de su historia, que tienen una razón muy poderosa para proteger al verdadero criminal y que debemos construir nuestro caso por nosotros mismos sin ninguna ayuda de ellas. Esa es la misión que ahora tenemos por delante, y aquí, Watson, está el tren de Sydenham.
La gente de la abadía de Grange se mostró muy sorprendida por nuestro regreso, pero Sherlock Holmes, al enterarse de que Stanley Hopkins se había marchado a informar a la comisaría central, se adueñó del comedor, echó la llave por dentro y se entregó durante dos horas a una de esas investigaciones minuciosas y laboriosas que constituyen la sólida base sobre la que se levantaban sus brillantes edificios de deducción. Sentado en un rincón como un estudiante interesado que observa la demostración de su profesor, seguí cada paso de aquella notable pesquisa. La ventana, las cortinas, la alfombra, la silla, la cuerda: todo fue examinado minuciosamente y sopesado con cuidado uno por uno. El cuerpo del desafortunado baronet había sido retirado, y todo lo demás permanecía tal como lo habíamos visto por la mañana. Finalmente, para mi asombro, Holmes trepó a la maciza repisa de la chimenea. Muy por encima de su cabeza pendían los pocos centímetros de cordón rojo que todavía estaban unidos al alambre. Durante un buen rato se quedó mirando hacia arriba y luego, en un intento por acercarse más, apoyó la rodilla en una ménsula de madera de la pared. Esto dejó su mano a pocos centímetros del extremo roto de la cuerda, pero no fue tanto esto como la ménsula misma lo que pareció acaparar su atención. Por último, saltó al suelo con una exclamación de satisfacción.
—No pasa nada, Watson —dijo él—. Ya tenemos nuestro caso, uno de los más notables de nuestra colección. Pero, ¡válgame Dios!, ¡qué falto de