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nydus/Wuthering HeightsPublic
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IX

necesario. Nelly, ¡yo soy Heathcliff! Está siempre, siempre en mi mente: no como un aprecio, del mismo modo que yo no soy siempre un aprecio para mí misma, sino como mi propio ser. Así que no vuelvas a hablar de nuestra separación; es impracticable; y...

Se detuvo y escondió el rostro en los pliegues de mi vestido; pero se lo arranqué con fuerza. ¡Había perdido la paciencia con su necedad!

—Si puedo sacar algo en claro de sus necedades, señorita —dije—, esto no hace más que convencerme de que ignora los deberes que contrae al casarse; o bien de que es una muchacha malvada y sin principios. Pero no me abrume con más secretos: no prometo guardarlos.

“¿Te quedarás con eso?”, preguntó, con entusiasmo.

“No, no lo prometeré”, repetí.

Iba a insistir, cuando la entrada de Joseph dio por terminada nuestra conversación; y Catherine apartó su asiento a un rincón y se puso a cuidar de Hareton, mientras yo preparaba la cena.

Después de cocinarla, mi compañero de servidumbre y yo empezamos a discutir sobre quién debía llevarle un poco al señor Hindley; y no lo resolvimos hasta que todo estaba casi frío. Entonces llegamos al acuerdo de que dejaríamos que fuera él quien pidiera, si es que quería algo; pues temíamos especialmente presentarnos ante él cuando llevaba un rato a solas.

«¿Y cómo es que ése no ha llegao ya del campo, a estas alturas? ¿En qué andará metido? ¡Gran vago de m..., se ve que no sirve pa ná!», demandó el viejo, buscando a Heathcliff con la mirada.

—Lo llamaré —respondí—. Está en el granero, no me cabe duda.

Fui a llamar, pero no obtuve respuesta.

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