—¿Comprende lo que significa la palabra compasión? —dije, apresurándome a ponerme el sombrero—. ¿Sintió alguna vez una pizca de ella en su vida?
—¡Deja eso! —interrumpió, al percibir mi intención de marcharme—.
Aún no te vas. Ven aquí ahora, Nelly: debo persuadirte o compelerte a que me ayudes a cumplir mi propósito de ver a Catherine, y eso sin demora. Juro que no medito ningún daño; no deseo causar ningún alboroto, ni exasperar o insultar al señor Linton; solo quiero saber por su propia boca cómo está y por qué ha estado enferma; y preguntarle si algo que yo pudiera hacer le sería de utilidad.
Anoche estuve en el jardín de la granja seis horas, y volveré allí esta noche; y cada noche rondaré el lugar, y cada día, hasta encontrar la oportunidad de entrar. Si Edgar Linton se me cruza, no dudaré en derribarlo y darle lo suficiente para asegurar su quietud mientras yo permanezca. Si sus sirvientes se oponen, los espantaré con estas pistolas.
Pero ¿no sería mejor evitar que entre en contacto con ellos o con su amo? Y tú podrías hacerlo con tanta facilidad. Te avisaríacuando llegara, y entonces podrías dejarme entrar sin ser visto, tan pronto como ella estuviera sola, y vigilar hasta que me fuera, con la conciencia muy tranquila: estarías evitando una desgracia.
Protesté contra representar ese papel traicionero en la casa de mi patrón; y, además, le hice ver la crueldad y el egoísmo de destruir la tranquilidad de la señora Linton para su propia satisfacción.
«El menor acontecimiento la altera dolorosamente —dije—. Es pura sensibilidad, y no soportaría la sorpresa, estoy convencida. ¡No insista, señor! ¡O si no, me veré obligada a informar a mi amo sobre sus intenciones; y él tomará medidas para asegurar su casa y a sus habitantes contra intrusiones tan injustificables!»