hablaba y vestía de forma muy distinta; y, el mismo día de su regreso, nos dijo a Joseph y a mí que en adelante tendríamos que alojarnos en la cocina trasera y dejarle la casa a él. En verdad, habría puesto alfombra y papel pintado en una pequeña habitación de invitados para hacer un salón; pero su esposa expresó tanto agrado por el suelo blanco y la enorme y resplandeciente chimenea, por los platos de estaño y la alacena de loza, y la perrera, y el amplio espacio que había para moverse por donde solían sentarse, que él lo juzgó innecesario para su comodidad y así abandonó la intención.
También expresó su satisfacción al encontrar una hermana entre sus nuevas amistades; y parloteaba con Catherine, la besaba, corría de aquí para allá con ella y la colmaba de regalos al principio.
Sin embargo, su afecto se agotó muy pronto, y cuando ella se puso irascible, Hindley se volvió tiránico. Unas pocas palabras suyas, que mostraban antipatía hacia Heathcliff, bastaron para despertar en él todo su antiguo odio hacia el muchacho.
- Lo apartó de la compañía de ellos para mandarlo con los criados,
- lo privó de las lecciones del vicario
- y exigió que en su lugar trabajara al aire libre;
obligándolo a esforzarse tanto como cualquier otro muchacho de la granja.
Heathcliff soportó su degradación bastante bien al principio, porque Cathy le enseñaba lo que aprendía, y trabajaba o jugaba con él en los campos. Ambos prometían con creces llegar a crecer tan rudos como salvajes; ya que el joven amo era totalmente negligente con respecto a cómo se portaban y qué hacían, con tal de que lo dejaran en paz.