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nydus/Wuthering HeightsPublic
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XXIII

experimentada antes de aquel período, y nunca, doy gracias a Dios, desde entonces.

Mi pequeña ama se portó como un ángel al venir a atenderme y alegrar mi soledad; el encierro me dejó sumamente postrada. Es fatigoso para un cuerpo inquieto y activo: pero pocos tienen menores motivos de queja que los que yo tenía.

En el momento en que Catherine dejó la habitación del señor Linton, apareció junto a mi cama. Su día se dividía entre ambos; ninguna diversión le robaba un minuto: descuidaba sus comidas, sus estudios y sus juegos; y fue la enfermera más cariñosa que jamás haya velado a nadie. Debía de tener un gran corazón, cuando amaba tanto a su padre, como para darme tanto a mí.

Dije que sus días se dividían entre ambos; pero el amo se retiraba temprano y yo por lo general no necesitaba nada después de las seis, de modo que la tarde era para ella. ¡Pobre niña! Nunca pensé en lo que hacía consigo misma después del té. Y aunque con frecuencia, cuando seasomaba para darme las buenas noches, notaba un color fresco en sus mejillas y un tono rosado en sus delgados dedos, en vez de imaginar que esa línea se debía a un helado paseo por los páramos, se lo atribuí al calor del fuego de la biblioteca.

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