Se negaron rotundamente a tenerlo en la cama con ellos, ni siquiera en su habitación; y a mí no se me ocurrió otra cosa, así que lo puse en el descansillo de la escalera, esperando que hubiera desaparecido al día siguiente. Por casualidad, o tal vez atraído al oír su voz, se arrastró hasta la puerta del señor Earnshaw, y allí lo encontró este al salir de su aposento. Se hicieron averiguaciones sobre cómo había llegado hasta allí; me vi obligada a confesar, y en recompensa por mi cobardía e inhumanidad fui despidida de la casa.
Esta fue la primera presentación de Heathcliff a la familia. Al volver unos días después (pues no consideré perpetuo mi destierro), descubrí que lo habían bautizado como «Heathcliff»: era el nombre de un hijo que había muerto en la infancia, y le ha servido desde entonces tanto de nombre de pila como de apellido. La señorita Cathy y él hacían ahora