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nydus/Wuthering HeightsPublic
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XVI

mientras contemplaba aquella imagen serena del reposo divino. Instintivamente repetí las palabras que ella había pronunciado pocas horas antes: «¡Incomparablemente más allá y por encima de todos nosotros! Ya siga en la tierra o esté ahora en el cielo, ¡su espíritu descansa en Dios!».

No sé si será una peculiaridad mía, pero rara vez dejo de sentirme feliz mientras hago guardia en la cámara mortuoria, siempre y cuando ningún deudor frenético o desesperado comparta la tarea conmigo.

Veo un reposo que ni la tierra ni el infierno pueden romper, y siento la seguridad de un más allá sin fin y sin sombras —la Eternidad en la que han entrado—, donde la vida es ilimitada en su duración, el amor en su empatía y el gozo en su plenitud.

¡Noté en aquella ocasión cuánta mezquindad hay incluso en un amor como el del señor Linton, cuando lamentaba tanto la bendita liberación de Catherine!

Sin duda, uno podría haber dudado, tras la existencia caprichosa e impaciente que había llevado, de si al fin merecía un remanso de paz. Uno podría dudar en épocas de fría reflexión; pero no entonces, en presencia de su cadáver. Este afirmaba su propia tranquilidad, que parecía una promesa de igual sosiego para su antigua moradora.

¿Cree usted que esa clase de gente es feliz en el otro mundo, señor? Daría muchísimo por saberlo.

Rehusé contestar a la pregunta de la señora Dean, que me pareció algo heterodoxa. Ella continuó:

Siguiendo el curso de Catherine Linton, temo que no tenemos derecho a pensar que lo está; pero la dejaremos con su Creador.

El amo parecía dormido, y me aventuré poco después de la salida del sol a abandonar la habitación y escaparme al aire puro y refrescante. Los

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