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nydus/Wuthering HeightsPublic
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IX

media. ¡Vamos, a la cama! No sirve de nada esperar más a ese muchacho tonto: se habrá ido a Gimmerton y se quedará allí ahora. Supone que no le esperaríamos hasta estas horas; al menos, supone que solo el señor Hindley estaría levantado, y preferiría evitar que el amo le abriera la puerta.

—No, no, no es tan en Gimmerton —dijo Joseph—. No me extrañaría ná que estuviese al fondó de un pozo de turbera. Esta visitación no fue por ná, y yo que vosotr@s miraría bien, señorita; vos podríais ser la siguiente. ¡Alabado sea el Cielo por tóo! ¡Tóo obra junta pal bien de aquell@s que están elejíos y apartaos de la basura! Ya sabéis lo que dise la Escritura.

Y comenzó a citar varios textos, remitiéndonos a los capítulos y versículos donde podíamos encontrarlos.

Yo, habiendo suplicado en vano a la terca muchacha que se levantara y se quitara la ropa mojada, lo dejé a él predicando y a ella temblando, y me fui a la cama con el pequeño Hareton, que dormía tan profundamente como si todos hubieran estado durmiendo a su alrededor.

Oí a Joseph leer un rato después; luego distinguí su paso lento en la escalera de mano, y entonces me quedé dormida.

Bajando un poco más tarde de lo habitual, vi, por los rayos de sol que se filtraban por las rendijas de las contraventanas, a la señorita Catherine todavía sentada junto a la chimenea.

La puerta de la casa también estaba entreabierta; la luz entraba por sus ventanas sin cerrar; Hindley había salido y estaba de pie en el hogar de la cocina, demacrado y adormilado.

—¿Qué te pasa, Cathy? —decía cuando entré—: tienes el aspecto de un cachorro ahogado. ¿Por qué estás tan mojada y pálida, niña?

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