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nydus/Wuthering HeightsPublic
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V

Habríamos podido llevarnos más o menos bien, a pesar de todo, de no ser por dos personas: la señorita Cathy y José, el criado; ya lo vio usted, me atrevo a decir, allá arriba. Era, y es todavía muy probablemente, el fariseo más pesado y santurrón que jamás haya rebuscado en una Biblia para apropiarse de las promesas y arrojar las maldiciones a sus prójimos. Con su habilidad para sermonear y disertar piadosamente, se las arregló para causarle una gran impresión al señor Earnshaw; y cuanto más débil se volvía el amo, más influencia ganaba este. Era implacable atormentándolo con los asuntos de su alma y con la necesidad de reinar rígidamente sobre sus hijos. Lo animaba a considerar a Hindley como un réprobo; y, noche tras noche, mascullaba regularmente una larga sarta de cuentos contra Heathcliff y Catalina: cuidándose siempre de halagar la debilidad de Earnshaw al echar la culpa más pesada sobre esta última.

Ciertamente tenía unas maneras que jamás vi adoptar a ningún niño antes; y nos sacaba de quicio cincuenta veces y más al día: desde la hora en que bajaba las escalera hasta la hora en que se iba a la cama, no teníamos ni un minuto de tranquilidad de que no estuviera haciendo alguna travesura. Su ánimo estaba siempre en su punto más alto, su lengua siempre en marcha: cantando, riendo y fastidiando a todo el mundo que no hiciera lo mismo. Era una muchachita salvaje y traviesa, pero tenía el ojo más lindo, la sonrisa más dulce y el paso más ligero de la parroquia; y, después de todo, creo que no obraba con maldad; porque una vez que lograba hacerte llorar de verdad, raras veces dejaba de acompañarte en el sentimiento y te obligaba a callar para poder consolarla. Le tenía demasiado cariño a Heathcliff. El mayor castigo que podíamos inventar para ella era mantenerla separada de él; sin embargo, la regañaban más que a ninguno de nosotros por su culpa. En los juegos, le gustaba muchísimo hacer el papel de pequeña señora; usando las manos con soltura y mandando a sus compañeros: lo hacía conmigo, pero yo no iba a soportar bofetadas ni órdenes; y así se lo hice saber.

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