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nydus/Wuthering HeightsPublic
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XIII

tuvo éxito, como adiviné por una carrerita escaleras abajo y un prolongado y lastimero aullido. Yo tuve mejor suerte: él pasó de largo, entró en su habitación y cerró la puerta. Directamente después subió Joseph con Hareton para acostarlo. Yo había encontrado refugio en la habitación de Hareton, y el viejo, al verme, dijo: «Ahora creo que hay sitio en la casa tanto para ti como para tu orgullo. Está vacío; puedes tenerlo todo para ti... ¡y para Aquel que siempre hace el tercero en tan mala compañía!». Con agrado aproveché esta insinuación; y en el minuto en que me dejé caer en una silla junto al fuego, cabeceé y me dormí. Mi sueño fue profundo y apacible, aunque demasiado breve. El señor Heathcliff me despertó; acababa de entrar y preguntó, a su manera cariñosa, qué estaba haciendo allí. Le conté el motivo de haberme quedado despierta hasta tan tarde: que él tenía la llave de nuestra habitación en el bolsillo. El adjetivo nuestra causó una ofensa mortal. Juró que no era mía, ni lo sería jamás; y que él... pero no repetiré su lenguaje ni describiré su conducta habitual: ¡es ingenioso e infatigable en su empeño por ganarse mi aborrecimiento! A veces me sorprende con una intensidad que adormece mi miedo; sin embargo, te aseguro que un tigre o una serpiente venenosa no podrían despertarme un terror igual al que él provoca. Me habló de la enfermedad de Catherine y acusó a mi hermano de haberla causado, prometiendo que yo sería la sustituta de Edgar en el sufrimiento hasta que pudiera echarle mano a este. Lo odio, soy desgraciada, ¡he sido una tonta! Guárdate de pronunciar una sola palabra de esto a nadie en la granja. Te esperaré todos los días, ¡no me decepciones! —Isabella.

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