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nydus/Wuthering HeightsPublic
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XVI

“¡Que despierte en el tormento!”, exclamó con espantosa vehemencia, pateando el suelo y gimiendo en un repentino acceso de pasión incontrolable. “¡Vaya, es una mentirosa hasta el final! ¿Dónde está? No allí, no en el cielo, no perecida, ¿dónde? ¡Oh! ¡Dijiste que no te importaban mis sufrimientos! Y yo rezo una sola oración, la repito hasta que se me entumece la lengua: Catherine Earnshaw, ¡que no descanses mientras yo viva!; dijiste que te maté, ¡pues entonces cosúmeme! Los asesinados acosan a sus asesinos, eso creo. Sé que los fantasmas han vagado por la tierra. Quédate conmigo siempre; toma cualquier forma, ¡vuelveme loco! ¡Solo no me dejes en este abismo donde no puedo encontrarte! ¡Oh, Dios! ¡Es inenarrable! ¡No puedo vivir sin mi vida! ¡No puedo vivir sin mi alma!”

Se estrelló la cabeza contra el tronco nudoso y, alzando los ojos, aulló, no como un hombre, sino como una bestia salvaje acosada hasta la muerte con cuchillos y lanzas.

Observé varias salpicaduras de sangre en la corteza del árbol, y tanto su mano como su frente estaban manchadas; probablemente la escena de la que fui testigo era la repetición de otras ocurridas durante la noche.

Apenas despertó mi compasión; me horrorizó: aun así, me reticía la idea de abandonarlo así. Pero en cuanto recuperó la conciencia como para percatarse de que lo observaba, me ordenó con voz de trueno que me fuera, y obedecí.

¡Estaba más allá de mi capacidad de calmar o consolar!

El funeral de la señora Linton quedó fijado para el viernes siguiente a su fallecimiento; y hasta entonces su ataúd permaneció descubierto, cubierto de flores y hojas olorosas, en el gran salón. Linton pasó allí sus días y sus noches, guardián insomne; y —circunstancia oculta para todos excepto para mí— Heathcliff pasó sus noches, al menos, afuera, igualmente ajeno al reposo. Yo no mantuve comunicación con él; aun así,

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