hogar. ¡Pero te digo que no me dejó! ¿Crees que podría soportar verme engordar y estar alegre?, ¿podría soportar pensar que estábamos tranquilos, y no empeñarse en envenenar nuestro bienestar? Ahora tengo la satisfacción de estar segura de que me detesta, al punto de molestarle seriamente tenerme al alcance de su voz o de su vista: noto que, al entrar en su presencia, los músculos de su rostro se distorsionan involuntariamente con una expresión de odio; nacida en parte de saber los buenos motivos que tengo yo para abrigar ese mismo sentimiento hacia él, y en parte de su aversión original. Es lo bastante fuerte como para hacerme sentir bastante segura de que no me perseguiría por toda Inglaterra, suponiendo que urdiera una huida limpia; y por tanto debo marcharme muy lejos. Me he recuperado de mi primer deseo de que me matara: ¡preferiría que se matara él! Ha extinguido mi amor por completo, y así estoy en paz. Todavía puedo recordar cómo lo amaba; y puedo imaginar vagamente que aún podría estar amándolo, si... ¡no, no! Incluso si me hubiera adorado, la naturaleza diabólica habría manifestado su existencia de algún modo. Catherine tenía un gusto terriblemente pervertido para estimarlo tanto, conociéndolo tan bien. ¡Monstruo!, ¡ojalá pudiera ser borrado de la creación y de mi memoria!
—¡Chist, chist! Es un ser humano —dije—. ¡Sed más caritativo: aún hay peores hombres que él!
—Él no es un ser humano —replicó ella—; y no tiene derecho a mi compasión. Le entregué mi corazón, y él lo cogió, lo estranguló hasta matarlo y me lo devolvió arrojándomelo. La gente siente con el corazón, Ellen: y como él ha destrozado el mío, ya no tengo la capacidad de condolerse por él; ¡y no lo haría, aunque gimiera desde este momento hasta el día de su muerte y derramara lágrimas de sangre por Catherine! No, de verdad, de verdad que no lo haría. —Y aquí Isabella se echó a