He hecho una visita a los Heights, pero no la he visto desde que se marchó: Joseph tenía la puerta en la mano cuando llamé para preguntar por ella, y no quiso dejarme pasar.
Dijo que la señora Linton estaba «atareada» y que el amo no se encontraba en casa.
Zillah me ha contado algo de cómo se llevan las cosas por allí, de otro modo difícilmente sabría quién está muerto y quién vive. Por lo que dice, deduzco que le parece que Catherine es altiva y que no le cae bien.
Mi joven señora le pidió cierta ayuda cuando llegó por primera vez; pero el señor Heathcliff le dijo que se ocupara de sus propios asuntos y dejara que su nuera se apañara sola; y Zillah accedió de buena gana, pues es una mujer de miras estrechas y egoísta. Catherine manifestó el enfado de una niña ante este desprecio; se lo devolvió con desprecio y, de este modo, se ganó a mi informadora como enemiga con tanta seguridad como si le hubiera hecho algún gran daño.
Tuve una larga charla con Zillah hace unas seis semanas, un poco antes de que vinieras, un día en que nos cruzamos en el páramo; y esto es lo que me contó.
—Lo primero que hizo la señora Linton —dijo—, al llegar a los Heights, fue subir corriendo, sin siquiera darnos las buenas noches a mí y a Joseph; se encerró en la habitación de Linton y se quedó hasta la mañana. Después, mientras el amo y Earnshaw desayunaban, entró en la casa y preguntó toda temblorosa si se podía mandar llamar al médico; su primo estaba muy malo.