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nydus/Wuthering HeightsPublic
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I

pasado demostré ser totalmente indigno de uno.

Mientras disfrutaba de un mes de buen tiempo a la orilla del mar, me vi arrojado a la compañía de una criatura fascinante: una auténtica diosa ante mis ojos, siempre y cuando no reparara en mí.

Yo «nunca declaré mi amor» con palabras; aun así, si las miradas tienen idioma, hasta el más tonto habría adivinado que estaba hasta las cejas: ella al fin me comprendió y me devolvió la mirada, la más dulce de todas las miradas imaginables.

¿Y qué hice yo? Lo confieso con vergüenza: me encogí helado sobre mí mismo, como un caracol; a cada destello me retiraba más frío y más lejos; hasta que por fin a la pobre inocente le entraron dudas de sus propios sentidos y, abrumada por la confusión ante su supuesto error, persuadió a su mamá para levantar el campamento.

Debido a este curioso giro de mi carácter he ganado la reputación de ser deliberadamente desalmado; cuán inmerecida, solo yo puedo valorarlo.

Tomé asiento en el extremo de la piedra del hogar opuesto a aquel hacia el cual avanzaba mi landlord, y llené un intervalo de silencio intentando acariciar a la madre canina, la cual había abandonado su camada y se acercaba furtivamente, con aire lobuno, a la parte posterior de mis piernas, con el labio superior curvado y los blancos dientes babeando por un bocado. Mi caricia provocó un prolongado

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