amo tal reprimenda sobre el rumbo que le daba a su familia, que este se vio incitado a tomar cartas en el asunto, de verdad. Heathcliff no recibió ningún azote, pero se le advirtió que la primera palabra que le dijera a la señorita Catherine le costaría el despido; y la señora Earnshaw se comprometió a mantener a su cuñada debidamente contenida cuando regresara a casa, empleando la astucia, no la fuerza: con la fuerza le habría resultado imposible.
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