preocupes por mí. Esta es «La boda de la hada Annie», una melodía bonita, sirve para bailar”.
La señora Dean iba a recomenzar, cuando me adelanté; y, reconociéndome al instante, se puso en pie de un salto, exclamando: —¡Válgame Dios, señor Lockwood! ¿Cómo se le ocurre volver de este modo? Está todo cerrado en Thrushcross Grange. ¡Debería habernos avisado!
—He dispuesto alojarme allí mientras dure mi estancia —contesté—. Mañana mismo vuelvo a partir. ¿Y a usted, señora Dean, qué vientos la han traído por aquí? Cuénteme.
“Zillah se fue, y el señor Heathcliff quiso que yo viniera, poco después de que usted se fuera a Londres, y me quedara hasta su regreso. ¡Pero pase, por favor! ¿Ha venido a pie desde Gimmerton esta tarde?”
—De la Granja —repliqué—; y mientras me preparan habitación allí, quiero terminar mis asuntos con su amo, porque no creo que vaya a tener otra oportunidad pronto.
—¿Qué asuntos, señor? —dijo Nelly, haciéndome entrar en la casa—. Ha salido en este momento y no volverá pronto.
—Sobre el alquiler —respondí.
—¡Ah!, entonces tiene que vérselas con la señora Heathcliff —observó—, o más bien conmigo. Ella todavía no ha aprendido a manejar sus asuntos y yo actúo en su nombre; no hay nadie más.
Puse cara de sorpresa.
—¡Ah! Ya veo que no se ha enterado de la muerte de Heathcliff —continuó ella.
—¡Heathcliff muerto! —exclamé, asombrado—. ¿Hace cuánto tiempo?