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nydus/Wuthering HeightsPublic
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XVI

era consciente de su propósito de entrar, si podía; y el martes, poco después de oscurecer, cuando mi amo, por pura fatiga, se había visto obligado a retirarse un par de horas, fui y abrí una de las ventanas; movida por su perseverancia para darle la oportunidad de tributar a la ajada imagen de su ídolo un último adiós. Él no desaprovechó la oportunidad, con cautela y brevedad; con demasiada cautela para delatar su presencia con el más mínimo ruido. En verdad, no habría descubierto que había estado allí de no ser por el desorden en los encajes del rostro del cadáver, y por observar en el suelo un mechón de cabello claro, sujeto con un hilo de plata, el cual, al examinarlo, comprobé que había sido tomado de un medallón colgado al cuello de Catherine. Heathcliff había abierto la joya y arrojado su contenido, reemplazándolo por un mechón negro suyo. Retorcí ambos y los encerré juntos.

El señor Earnshaw fue, por supuesto, invitado a acompañar los restos de su hermana hasta la tumba; no envió ninguna excusa, pero jamás apareció; de modo que, aparte de su marido, los dolientes estuvieron compuestos enteramente por arrendatarios y sirvientes. A Isabella no se le pidió que fuera.

El lugar de sepultura de Catherine, para sorpresa de los aldeanos, no estuvo ni en la capilla, bajo el monumento esculpido de los Linton, ni tampoco junto a las tumbas de sus propios parientes, afuera.

Fue excavado en una pendiente verde, en un rincón del camposureño, donde el muro es tan bajo que los brezos y los arándanos lo han trepado desde el páramo; y la tierra de turba casi lo sepulta.

Su marido yace en el mismo lugar ahora; y ambos tienen una simple lápida en la cabecera y un sencillo bloque gris a los pies para señalar las tumbas.

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