voz, pero con un profundo y doloroso desaliento—. No pienso quedarme. No he venido a disputar ni a reconciliarme, sino a saber simplemente si, después de los sucesos de esta noche, tiene usted la intención de continuar su trato con...
—¡Ay, por amor de Dios —interrumpió el ama, dando un fuerte zapatazo—, por amor de Dios, no hablemos más de eso ahora! Tu sangre fría no hay quien la caliente hasta la fiebre; tus venas están llenas de agua helada, pero las mías están hirviendo, y ver tanta frialdad hace que se alboroten.
—Para librarse de mí, responda a mi pregunta —insistió el señor Linton.
«Debe responderla, y sepa que la violencia no me asusta. He descubierto que sabe ser tan estoico como cualquiera cuando le place. ¿Renunciará a Heathcliff en adelante, o renunciará a mí? Le es imposible ser mi amigo y suyo al mismo tiempo; y necesito absolutamente saber a cuál de los dos elige».