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nydus/Wuthering HeightsPublic
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VIII

“Sí —respondió ella—, pero tenía mejor aspecto cuando estaba animado; ése es su semblante de todos los días: en general, le faltaba viveza”.

Catherine había mantenido su amistad con los Linton desde su estancia de cinco semanas entre ellos; y como no tenía tentación de mostrar su lado áspero en su compañía, y tenía la sensatez de avergonzarse de ser grosera allí donde experimentaba una cortesía tan invariable, engañó sin pretenderlo a los ancianos señores con su ingeniosa cordialidad; se ganó la admiración de Isabella, y el corazón y el alma de su hermano: conquistas que la desde el principio le halagaron —pues estaba llena de ambición— y la llevaron a adoptar un doble carácter sin proponérselo exactamente con ánimo de engañar a nadie.

En el lugar donde oía calificar a Heathcliff de «villano joven y vulgar» y de «peor que una bestia», se cuidaba muy mucho de no actuar como él; pero en su casa tenía pocas inclinaciones de practicar una cortesía de la que solo se reirían, y de refrenar una naturaleza indisciplinada cuando esto no le iba a reportar ni crédito ni elogios.

El señor Edgar rara vez reunía el valor necesario para visitar Cumbres Borrascosas abiertamente. Le temía a la reputación de Earnshaw y evitaba cruzarse con él; y, sin embargo, siempre era recibido con nuestros mejores intentos de cortesía: el amo en persona evitaba ofenderlo, sabiendo a qué venía; y, si no podía ser amable, se mantenía alejado. Más bien creo que su presencia allí le desagradaba a Catherine; ella no era mañosa, nunca jugaba a la coquetería y, evidentemente, le repugnaba que sus dos amigos llegaran a encontrarse; pues cuando Heathcliff expresaba su desprecio por Linton en presencia de este, ella no podía secundarlo a medias, como lo hacía en su ausencia; y cuando Linton manifestaba asco y antipatía hacia Heathcliff, ella no se atrevía a tratar los sentimientos de este con indiferencia, como si menospreciar a su compañero de juegos tuviera escasa importancia para ella.

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