CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Página 111 de 599
Table of Contents

Capítulo X

—Tropezar el uno con el otro en una misión como esta —pensó Emma—; encontrarse en un plan de caridad; esto traerá un gran aumento de amor por ambas partes. No me extrañaría que condujera a la declaración. Lo haría, si yo no estuviera aquí. Ojalá estuviera en cualquier otra parte.

Anciosa por alejarse de ellos tanto como le fuera posible, tomó poco después un sendero estrecho, ligeramente elevado a un lado del camino, dejándolos juntos en la vía principal. Pero no llevaba allí ni dos minutos cuando descubrió que los hábitos de dependencia e imitación de Harriet la hacían subir también y que, en resumen, ambas la seguirían al poco rato.

Esto no servía; se detuvo de inmediato, con el pretexto de tener que hacerle un arreglo a los cordones del botín, y agachándose, ocupando por completo el sendero, les suplicó que tuvieran la amabilidad de seguir andando y que ella los alcanzaría en medio minuto.

Hicieron lo que les pidió; y para cuando calculó que era razonable haber terminado con el botín, tuvo la comodidad de contar con un nuevo retraso a su alcance, al ser alcanzada por una niña de la casa de campo que salía, según le habían ordenado, con su cántaro a buscar caldo a Hartfield.

Caminar al lado de esta niña, hablarle y hacerle preguntas, era lo más natural del mundo, o lo habría sido, de haber estado actuando en ese momento sin premeditación; y por este medio los otros aún podían mantenerse adelante, sin ninguna obligación de esperarla.

Sin embargo, los fue alcanzando involuntariamente: el paso de la niña era rápido, y el de ellos bastante lento; y a ella le preocupaba aún más debido a que, por lo visto, estaban enfrascados en una conversación que les interesaba.

111