—Mi querida Emma, no pretendas, con tu dulce carácter, comprender uno malo, ni establecer reglas para él: debes dejar que siga su propio curso. No me cabe duda de que él tiene, a veces, una influencia considerable; pero puede resultarle perfectamente imposible saber de antemano cuándo será.
Emma escuchó, y luego dijo con frialdad: «No me daré por satisfecha a menos que él venga».
—Puede tener mucha influencia en algunos aspectos —continuó la señora Weston—, y en otros, muy poca; y entre aquellos en los que ella escapa a su control, es más que probable que se encuentre esta misma circunstancia de haberse apartado de ellos para venir a visitarnos.