el hogar que le ofrecía, existiría la esperanza de algo más: de seguridad, estabilidad y superación. > Estaría situada en medio de personas que la querían y que poseían más sensatez que ella; lo bastante retirada para estar a salvo, y lo bastante ocupada para mantenerse alegre. Jamás se vería arrastrada a la tentación, ni dejaría que esta fuera a buscarla. Sería respetable y feliz; y Emma reconoció que era la criatura más afortunada del mundo por haber despertado un afecto tan constante y perseverante en un hombre así;—o, si no del todo la más afortunada, al menos cediendo el puesto tan solo a ella
Harriet, necesariamente alejada por sus compromisos con los Martin, estaba cada vez menos en Hartfield; lo cual no era de lamentar. La intimidad entre ella y Emma debía decaer; su amistad debía transformarse en una especie de buena voluntad más tranquila y, afortunadamente, lo que debía ser y tenía que ser ya parecía estar comenzando, y de la manera más gradual y natural.