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Capítulo XXXVI

—Muy cierto, señor Weston, perfectamente cierto. Es justo lo que yo solía decirle a cierto caballero presente en los días de noviazgo, cuando, como las cosas no iban del todo bien, no avanzaban con toda la rapidez que sus sentimientos deseaban, era propenso a desesperarse y a exclamar que estaba seguro de que, a este paso, llegaría mayo antes de que nos pusiéramos la túnica azafranada de Himeneo. ¡Oh!, ¡cuánto me he esmerado en disipar esas sombrías ideas y en ofrecerle perspectivas más alegres! El carruaje... tuvimos contratiempos con el carruaje; una mañana, recuerdo, vino a verme completamente desesperado.

La detuvo un leve acceso de tos, y el señor Weston aprovechó al instante la oportunidad para continuar.

—Estaba usted mencionando mayo. Mayo es precisamente el mes en el que a la señora Churchill le han ordenado, o ella misma se ha ordenado, pasar en un lugar más cálido que Enscombe; en una palabra, pasarlo en Londres; de modo que tenemos la agradable perspectiva de frecuentes visitas de Frank durante toda la primavera, precisamente la estación del año que uno habría elegido para ello: los días casi más largos; el tiempo apacible y agradable, que siempre invita a salir y nunca es demasiado caluroso para pasear. La otra vez que estuvo aquí, le sacamos el mejor partido; pero hizo bastante tiempo húmedo, mojado, desapacible; siempre lo hace en febrero, ya sabe usted, y no pudimos hacer ni la mitad de lo que teníamos previsto. Ahora será el momento. Esto será un disfrute completo; y no sé, señora Elton, si la incertidumbre de nuestros encuentros, esa especie de expectativa constante de que se presente hoy o mañana, y a cualquier hora, no será más propicia para la felicidad que tenerlo en la casa misma. Creo que sí. Creo que es el estado de ánimo el que aporta más entusiasmo y deleite. Espero que mi hijo sea de su agrado; pero no debe usted esperar un prodigio. Por lo general se le tiene por un joven apuesto, pero no espere un prodigio. La debilidad que la señora Weston siente por él es muy grande y, como podrá suponer, de lo más gratificante para mí. Ella cree que no hay nadie que se le compare.

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