de freno para el otro. El compromiso de Mr. Elton había sido el remedio para la agitación de encontrarse con Mr. Martin. La infelicidad producida al enterarse de dicho compromiso quedó un tanto de lado cuando Elizabeth Martin pasó a visitar a Mrs. Goddard unos días después. Harriet no había estado en casa, pero le habían dejado una nota preparada, escrita justamente en el tono capaz de conmover: una ligera mezcla de reproche con una gran dosis de afecto; y hasta que el propio Mr. Elton apareció, ella había estado muy ocupada con eso, meditando continuamente sobre lo que podría hacer en correspondencia y deseando hacer más de lo que se atrevía a confesar. Pero Mr. Elton, en persona, había ahuyentado tales preocupaciones. Mientras él estuvo allí, los Martin quedaron en el olvido; y esa misma mañana en que él partía de nuevo hacia Bath, Emma, para disipar parte del pesar que esto le causaba, juzgó lo mejor que devolvieran la visita a Elizabeth Martin.
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