contraiga ningún compromiso que cree tales dificultades por culpa del pobre señor Woodhouse. No le recomiendo el matrimonio a Emma por el momento, aunque no pretendo menospreciar tal estado, se lo aseguro.
Parte de su intención era ocultar lo más posible algunos pensamientos muy queridos por ella y por el señor Weston sobre el asunto.
Había ciertos deseos en Randalls respecto al destino de Emma, pero no convenía que se sospecharan; y la rápida transición que el señor Knightley hizo poco después a «¿Qué piensa Weston del tiempo?; ¿lloverá?», la convenció de que no tenía nada más que decir ni conjeturar sobre Hartfield.