CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Página 497 de 599
Table of Contents

Capítulo XLVII

“Harriet, ¡pobre Harriet!”⁠—Esas fueron las palabras; en ellas residían las ideas atormentadoras de las que Emma no podía librarse, y que constituían para ella la verdadera desgracia del asunto.

Frank Churchill se había portado muy mal con ella⁠—muy mal en muchos sentidos⁠—, pero no era tanto su comportamiento como el suyo propio lo que la ponía tan furiosa con él. Era el apuro en el que la había metido por culpa de Harriet lo que teñía de la peor gravedad su ofensa.⁠—¡Pobre Harriet! Caer por segunda vez en la trampa de sus malentendidos y halagos.

Mr. Knightley había hablado proféticamente cuando dijo una vez: «Emma, no has sido ninguna amiga para Harriet Smith». Temía no haberle hecho otra cosa que un gran perjuicio. Era verdad que no tenía que acusarse, en este caso como en el anterior, de ser la única y original autora del daño; de haber sugerido unos sentimientos que de otro modo jamás habrían cruzado por la imaginación de Harriet, pues Harriet le había confesado su admiración y preferencia por Frank Churchill antes de que ella le hubiera dado la más mínima pista sobre el asunto; pero se sentía plenamente culpable de haber alentado lo que podría haber reprimido.

Podría haber evitado la complacencia y el aumento de tales sentimientos. Su influencia habría sido suficiente. Y ahora era muy consciente de que debería haberlos evitado. Sentía que había estado arriesgando la felicidad de su amiga basándose en motivos de una insuficiencia extrema. El sentido común la habría llevado a decirle a Harriet que no debía permitirse pensar en él, y que había quinientas posibilidades contra una de que él llegara a importarle. —Pero, con el sentido común —añadió—, mucho me temo que he tenido poco que ver.

497