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Capítulo XLII

Londres⁠—abundancia por los1 alrededores de Bristol⁠—Maple Grove⁠—cultivo⁠—cuándo renovar los bancales⁠—los jardineros opinan exactamente distinto⁠—ninguna regla general⁠—a los jardineros nunca hay que sacarlos de sus costumbres⁠—fruta deliciosa⁠—tan rica que empacha si se come mucho⁠—inferior a las cerezas⁠—las grosellas más refrescantes⁠—único inconveniente de recoger fresas, agacharse⁠—sol deslumbrante⁠—cansada a más no poder⁠—no lo soporto ni un minuto más⁠—tengo que ir a sentarme a la sombra».

Tal, durante media hora, fue la conversación —interrumpida una sola vez por la señora Weston, que salió, en su solicitud por su yerno, a preguntar si había llegado—, y estaba un poco inquieta.⁠—Tenía ciertos temores por su caballo.

Se encontraron asientos pasablemente a la sombra; y ahora Emma se vio obligada a oír lo que hablaban la señora Elton y Jane Fairfax.—Se trataba de un puesto, de un puesto de lo más apetecible. La señora Elton había recibido noticias de él esa misma mañana y estaba entusiasmada. No era con la señora Suckling, no era con la señora Bragge, pero en felicidad y esplendor solo quedaba por debajo de ellas: era con una prima

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