señorita Woodhouse será tan amable de no mencionarlo.
Las manzanas mismas son de la mejor especie para asar, sin duda alguna; todas de Donwell—de las más generosas provisiones del señor Knightley.
Nos envía un costal cada año; y ciertamente nunca ha habido una manzana de tan buena conservación en ninguna parte como la de uno de sus árboles—creo que son dos. Mi madre dice que el huerto siempre fue famoso en sus tiempos de juventud.
Pero el otro día me quedé realmente muy consternada—pues el señor Knightley llamó una mañana, y Jane se estaba comiendo estas manzanas, y hablamos de ellas y dijimos cuánto las disfrutaba, y él preguntó si no se nos había acabado la provisión.
«Estoy seguro de que debe de ser así —dijo—, y les mandaré otra provisión; porque tengo muchas más de las que jamás podré usar. William Larkins me dejó conservar una cantidad mayor que de costumbre este año. Les mandaré algunas más, antes de que ya no sirvan para nada».