caminando; muy probablemente a Randalls; sí, creo que fue a Randalls. La señora Perry siempre le ha tenido un cariño especial a mi madre —la verdad es que no sé quién no se lo tiene—, y se lo había mencionado en confidencia; no le importaba que nos lo contase a nosotras, por supuesto, pero no debía salir de ahí; y, desde aquel día hasta hoy, que yo sepa, jamás se lo he mencionado a un alma.
Al mismo tiempo, no respondo categóricamente de no haber soltado jamás la menor indirecta, porque sé que a veces se me escapan cosas sin darme cuenta. Ya sabe que hablo mucho; soy bastante habladora; y de vez en cuando se me ha escapado algo que no debía. No soy como Jane; ojalá lo fuera. Respondo de que ella jamás ha traicionado la más mínima cosa del mundo. ¿Dónde está?—¡Ah!, justo detrás. Recuerdo perfectamente la visita de la señora Perry.—¡Un sueño extraordinario, en verdad!
Entraban en el vestíbulo. Los ojos de Mr. Knightley se habían adelantado a los de Miss Bates en una