Experimentaba todo el legítimo orgullo y la satisfacción que su parentesco con el actual y futuro propietario podía justificar con creces, al contemplar las respetables dimensiones y el estilo del edificio, su situación idónea, adecuada y característica, baja y resguardada; sus amplios jardines que se extendían hasta unos prados bañados por un arroyo, del cual la Abadía, con todo el antiguo descuido de las vistas, apenas si divisaba un trozo; y su abundancia de árboles en hileras y alamedas que ni la moda ni la extravagancia habían arrancado.—La casa era más grande que Hartfield, y totalmente distinta, ocupando una buena extensión de terreno, laberíntica e irregular, con muchas habitaciones cómodas y una o dos hermosas.—Era exactamente como debía ser, y aparentaba lo que era—y Emma sintió un respeto creciente hacia ella como residencia de una familia de tan auténtica hidalguía, de sangre y entendimiento inmaculados.—John Knightley tenía algunos defectos de carácter; pero Isabella se había unido a él de un modo irreprochable. No les había dado ni hombres, ni nombres, ni lugares que pudieran hacer sonrojar a nadie. Eran sensaciones agradables, y ella paseó de un lado a otro abandonándose a ellas hasta que fue necesario hacer lo mismo que los demás y reunirse junto a los fresales.—Todo el grupo estaba congregado, a excepción de Frank Churchill, a quien se esperaba de un momento a otro desde Richmond; y la señora Elton, con todo su equipo de felicidad, su gran sombrero y su cesta, estaba más que lista para tomar la iniciativa al cosechar, aceptar o hablar—fresas, y solo fresas, era ahora lo único en que se podía pensar o de lo que se podía hablar—.—«La mejor fruta de Inglaterra—la favorita de todo el mundo—siempre saludable.—Estos, los mejores bancales y las mejores variedades.—Encantador recolectarlas uno mismo—la única manera de disfrutarlas de verdad.—La mañana sin duda el mejor momento—nunca se cansa uno—toda variedad es buena—las fresas almizcladas infinitamente superiores—no hay comparación—las otras apenas comestibles—las almizcladas muy escasas—se prefiere la chilena—la fresa blanca de bosque el mejor sabor de todos—precio de las fresas en
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Capítulo XLII
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