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Capítulo XXXI

hay alusión alguna a hacer un sacrificio. Sí sospecho que él no es en realidad necesario para mi felicidad. Tanto mejor. Ciertamente no voy a persuadirme de sentir más de lo que siento. Estoy ya bastante enamorada. Sentiría estarlo más.

En conjunto, quedó igualmente satisfecha con lo que pudo deducir de sus sentimientos.

—Sin duda está muy enamorado —todo lo denota—, ¡muy enamorado de verdad! —y cuando vuelva, si su afecto continúa, debo estar en guardia para no alentarlo. —Sería de lo más inexcusable actuar de otro modo, ya que mi propia decisión está tomada. No es que imagine que pueda pensar que lo he estado alentando hasta ahora. No, si hubiera creído que yo compartía en absoluto sus sentimientos, no habría estado tan desdichado. De haberse creído alentado, sus miradas y su lenguaje al despedirse habrán sido distintos. —Aun así, sin embargo, debo estar en guardia. Esto bajo el supuesto de que su apego siga siendo el que es ahora; pero no sé si espero que sea así; no lo considero exactamente el tipo de hombre... no confío del todo en su firmeza ni en su constancia. —Sus sentimientos son cálidos, pero puedo imaginarlos más bien mudables. —Cada consideración del asunto, en resumen, me hace agradecer que mi felicidad no esté más profundamente comprometida. —Estaré muy bien de nuevo al cabo de un rato— y entonces, será algo que ya habrá pasado; porque dicen que todo el mundo se enamora una vez en la vida, y a mí me habrá tocado una salida fácil.

Cuando llegó su carta para la señora Weston, Emma tuvo ocasión de leerla; y lo hizo con tal grado de placer y admiración que al principio la hizo sacudir la cabeza ante sus propias sensaciones y pensar que había subestimado la intensidad de estas. Era una carta larga y bien escrita, que daba los pormenores de su viaje y de sus sentimientos, expresaba todo el afecto, la gratitud y el respeto que

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