caballeros, pensó que perdería todo el terreno ganado en el corazón de Harriet. Harriet no era insensible a los modales; ella misma había observado con admiración y asombro la gentileza de su padre. El señor Martin parecía no saber qué eran los modales.
Permanecieron juntos solo unos minutos, ya que no se debía hacer esperar a la señorita Woodhouse; y Harriet acudió entonces corriendo hacia ella con el rostro sonriente y el ánimo agitado, un estado que la señorita Woodhouse esperaba calmar muy pronto.
“¡Pensar que fuimos a toparnos con él!—¡Qué cosa tan extraña! Fue pura casualidad, según dijo, que no hubiera dado la vuelta por Randalls. No creía que nosotras pasáramos nunca por este camino. Pensaba que casi todos los días caminábamos hacia Randalls. Todavía no ha podido conseguir Los misterios del bosque. Estaba tan ocupado la última vez que fue a Kingston que se le olvidó por completo, pero vuelve mañana. ¡Qué coincidencia tan extraña que nos hayamos encontrado! Bien, señorita Woodhouse, ¿es como se lo esperaba? ¿Qué opina de él? ¿Le parece tan sumamente corriente?”
—Es muy corriente, sin duda —extraordinariamente corriente—; pero eso no es nada comparado con su absoluta falta de distinción. No tenía derecho a esperar gran cosa, y no esperaba gran cosa; pero no tenía idea de que pudiera ser tan paleto, tan carente por completo de clase. Me lo había imaginado, lo confieso, uno o dos grados más cerca de la distinción.
—Ciertamente —dijo Harriet, con voz mortificada—, no es tan distinguido como los auténticos caballeros.
—Creo, Harriet, que desde que nos conocemos, has estado repetidamente en compañía de caballeros tan auténticos, que tú misma debes de haberte percatado de la diferencia en el señor Martin. En