—Hay una cosa, Emma, que un hombre siempre puede hacer, si se lo propone, y es cumplir con su deber; no mediante maniobras y subterfugios, sino con vigor y resolución. Es obligación de Frank Churchill prestarle esta atención a su padre. Él sabe que es así, por sus promesas y recados; pero si de verdad quisiera hacerlo, podría lograrse. Un hombre con sentimientos rectos le diría de inmediato, con sencillez y firmeza, a la señora Churchill: «Siempre me encontrará dispuesto a sacrificar cualquier mero placer por su comodidad; pero debo ir a ver a mi padre inmediatamente. Sé que a él le dolería que yo le faltara a una muestra semejante de respeto en esta ocasión. Por lo tanto, saldré mañana». Si se lo dijera de inmediato, con el tono de decisión que le cuadra a un hombre, no se opondría nadie a su marcha.
—No —dijo Emma, riendo—; pero tal vez podría haberlas a que vuelva otra vez. ¡Emplear semejante lenguaje un joven que depende totalmente de otros! Nadie más que usted, señor Knightley, lo creería posible. Pero no tiene usted la menor idea de lo que se requiere en situaciones totalmente opuestas a la suya. ¡Que el señor Frank Churchill pronuncie un discurso así ante los tíos que lo han criado y que han de proveer a su sustento! ¡De pie en medio de la habitación, supongo, y hablando tan alto como podía! ¿Cómo puede imaginarse que semejante conducta sea viable?
—Créame, Emma, un hombre sensato no hallaría ninguna dificultad en ello. Se sentiría en su derecho; y la declaración —hecida, por supuesto, como la haría un hombre sensato, de la manera adecuada— le haría mucho más bien, lo elevaría más, afianzaría con más fuerza su interés ante las personas de las que dependía, que todo lo que jamás podrán hacer una serie de artimañas y subterfugios. El respeto se sumaría al afecto. Sentirían que podían confiar en él; que el sobrino que se había portado bien con su padre, se portaría bien con ellos; pues saben, tan bien como él, tan bien como todo el mundo ha de saber, que él debe hacer esta visita a su padre; y mientras ejercen mezquinamente su poder para retrasarla,