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Capítulo XLV

La invitación fue rechazada, y mediante un recado verbal. «La señorita Fairfax no se sentía lo suficientemente bien como para escribir»; y cuando el señor Perry pasó por Hartfield, esa misma mañana, resultó que estaba tan indispuesta que él mismo la había visitado, aunque en contra de su propio consentimiento, y que sufría de fuertes dolores de cabeza y de una fiebre nerviosa hasta tal punto que le hacía dudar de la posibilidad de que fuera a casa de la señora Smallridge en el tiempo previsto. Su salud parecía por el momento completamente alterada —el apetito totalmente perdido— y, aunque no había síntomas absolutamente alarmantes, nada relacionado con la afección pulmonar, que era el temor constante de la familia, el señor Perry estaba inquieto por ella. Creía que ella había asumido más de lo que podía soportar y que ella misma lo sentía así, aunque no quisiera reconocerlo. Su ánimo parecía abatido. Su hogar actual, no pudo menos que señalar, era des favorable para un trastorno nervioso: —confinada siempre a una sola habitación—; le habría gustado que fuera de otro modo —y su buena tía, aunque era una muy vieja amiga suya, tenía que admitir que no era la mejor compañía para una enferma de esa naturaleza. No se podían poner en duda sus cuidados y atenciones; eran, de hecho, demasiado grandes. Temía mucho que la señorita Fairfax sacara más mal que bien de ellos.

Emma escuchó con la más cálida preocupación; afligida por ella cada vez más, miró a su alrededor ansiosa por descubrir algún modo de ser útil. Llevarla —aunque solo fuera por una hora o dos— lejos de su tía, ofrecerle un cambio de aire y de escenario, y una conversación tranquila y sensata, aun por una hora o dos, podría sentarle bien; y a la mañana siguiente volvió a escribir para decirle, con las palabras más afectuosas de las que era capaz, que pasaría a buscarla en el coche a la hora que Jane quisiera señalar —mencionando que contaba con la firme opinión del señor Perry a favor de tal ejercicio para su paciente. La respuesta consistió únicamente en esta breve nota:

«Recuerdos y agradecimiento de la señorita Fairfax, pero se siente totalmente incapaz de hacer ningún ejercicio».

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