“Yo te conozco, yo te conozco; tú te contentarías con cualquier cosa; pero yo voy a ser un poco más exigente, y estoy segura de que los buenos Campbell estarán completamente de parte mía; con tus talentos superiores, tienes derecho a moverte en la primera plana. Tus conocimientos musicales por sí solos te darían derecho a poner tus propias condiciones, a tener tantas habitaciones como quisieras, y a relacionarte con la familia tanto como te apeteciera;—es decir—no lo sé—si tocaras el arpa, podrías hacer todo eso, estoy muy segura; pero cantas tan bien como tocas;—sí, de verdad creo que podrías, incluso sin el arpa, estipular lo que quisieras;—y debes y tienes que quedar instalada de manera encantadora, honorable y cómoda antes de que los Campbell o yo tengamos un momento de descanso”.
—Bien puede usted agrupar el deleite, la honra y la comodidad de tal situación —dijo Jane—; es muy seguro que seequivoquen... quiero decir, que sean iguales; sin embargo, hablo muy en serio al no desear que se intente nada por mí en el presente. Le estoy sumamente agradecida, señora Elton, se lo agradezco a cualquiera que se compadezca de mí, pero hablo muy en serio al desear que no se haga nada hasta el verano. Durante dos o tres meses más permaneceré donde estoy, y tal como estoy.
—Y hablo muy en serio, se lo aseguro —replicó la señora Elton alegremente—, al decidir estar siempre al acecho, y emplear a mis amigos para que vigilen también, de modo que nada verdaderamente irreprochable se nos pase por alto.
De este modo continuó su perorata; sin que nada la detuviera por completo hasta que el señor Woodhouse entró en la habitación; su vanidad cambió entonces de objetivo, y Emma la oyó decir en el mismo medio susurro a Jane,
—¡Aquí viene este querido viejo admirador mío, lo juro!—¡Pensad en su galantería al haberse marchado antes que los otros hombres!—¡qué criatura tan entrañable es!;—os aseguro que me gusta muchísimo.