Salvo los Suckling y los Bragge, no hay otro establecimiento de institutrices semejante, tan generoso y elegante, en todo el círculo de conocidos de la señora Elton. ¡La señora Smallridge, una mujer encantarora!—Un tren de vida casi a la altura de Maple Grove—y en cuanto a los niños, salvo los pequeños Suckling y los pequeños Bragge, no hay en ninguna parte niños tan elegantes y encantadores. ¡A Jane se la tratará con tal consideración y bondad!—No será más que placer, una vida de placer.—¡Y su sueldo!—De verdad que no me atrevo a nombrarle su sueldo a usted, señorita Woodhouse. Incluso usted, acostumbrada como está a grandes sumas, apenas creería que se le pueda dar tanto a una joven como Jane”.
—¡Ah, señora —exclamó Emma—, si los demás niños se parecen en algo a lo que recuerdo haber sido yo misma, consideraría que cinco veces la cantidad de lo que hasta ahora he oído mentar como salario en tales ocasiones está caramente ganada!
“¡Eres tan noble en tus ideas!”
—¿Y cuándo la deja a usted la señorita Fairfax?
“Muy pronto, muy pronto, en verdad; eso es lo peor. De aquí a quince días. La señora Smallridge tiene muchísima prisa. Mi pobre madre no sabe cómo soportarlo. Así que entonces, intento quitárselo de la cabeza y le digo: Vamos, señora, no pensemos más en ello”.
“Todos sus amigos deben de sentir mucho perderla; ¿y no sentirán el coronel Campbell y su señora ver que se ha comprometido antes de su regreso?”
—Sí; Jane dice que está segura de que lo harán; pero, aun así, es una situación tal que ella no puede considerarse justificada para rechazarla. ¡Me quedé tan asombrada cuando me contó por primera vez lo que le