ello»; pero aun así seguía hablando del tema, aun así no podía hablar de ninguna otra cosa; y Emma, al fin, para sacarse a los Martin de la cabeza, se vio obligada a precipitar la noticia que había pensado dar con tanta y tan delicada precaución; sin saber ella misma apenas si alegrarse o enojarse, avergonzarse o simplemente divertirse ante tal estado de ánimo en la pobre Harriet, ¡un desenlace tal para la importancia que el señor Elton tenía para ella!
Los derechos del señor Elton, sin embargo, revivieron gradualmente. Aunque no sintió la primera noticia como lo habría hecho el día anterior, o una hora antes, su interés pronto aumentó; y antes de que su primera conversación terminara, se había hablado a sí misma hasta alcanzar todas las sensaciones de curiosidad, asombro y pesar, dolor y placer, en cuanto a esta afortunada señorita Hawkins, que podían conducir a situar a los Martin bajo la debida subordinación en su imaginación.