CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Página 246 de 599
Table of Contents

Capítulo XXIV

ellos para criticarla demasiado. No, no podía creer que fuera una mala casa; ni una casa por la que un hombre tuviera que ser digno de compasión. Si tuviera que compartirla con la mujer que amaba, no creía que ningún hombre debiera ser compadecido por tener esa casa. Tenía que haber espacio de sobra en ella para cualquier comodidad real. Un tonto tenía que ser el hombre que quisiera más.

Mrs. Weston se rio, y dijo que no sabía de lo que hablaba. Acostumbrado él solo a una casa grande, y sin pararse a pensar en las muchas ventajas y comodidades ligadas a su tamaño, no podía ser juez de las privaciones que inevitablemente conlleva una pequeña.

Pero Emma, en su fuero interno, determinó que sí sabía de lo que hablaba, y que mostraba una inclinación muy amable a establecerse pronto en la vida y a casarse por motivos dignos. Puede que no fuera consciente de las intrusiones en la paz doméstica causadas por la falta de un cuarto para el ama de llaves, o por una mala despensa del mayordomo, pero sin duda sentía perfectamente que Enscombe no podía hacerlo feliz, y que, en cuanto se encariñara, renunciaría gustoso a gran parte de su riqueza con tal de que le permitieran asentarse pronto.

246