Codal
nydus/EmmaPublic
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Capítulo XLI

“¡Oh! Me divierte excesivamente. Estoy encantada de descubrir que te dignas dejar que tu imaginación vuele, pero no servirá de nada; siento mucho frenar tu primer ensayo, pero en verdad no servirá de nada.

No hay admiración entre ellos, te lo aseguro; y las apariencias que te han atrapado han surgido de algunas circunstancias peculiares, sentimientos más bien de una naturaleza totalmente distinta, es imposible de explicar exactamente: hay una buena dosis de sinsentido en ello, pero la parte que es susceptible de ser comunicada, que tiene sentido, es que están tan lejos de cualquier apego o admiración mutua como dos seres en el mundo pueden estarlo.

Es decir, supongo que es así por parte de ella, y puedo responder de que lo sea por parte de él. Responderé de la indiferencia del caballero”.

Habló con una seguridad que dejó estupefacto, y con una satisfacción que redujo al silencio, al señor Knightley. Estaba de muy buen humor y habría prolongado la conversación, deseosa de conocer los pormenores de sus sospechas, que se le describiera cada mirada y todos los dónde y cómo de un suceso que la divertía enormemente; pero la alegría de él no correspondía a la suya.

Descubrió que no podía ser de utilidad, y sus sentimientos estaban demasiado irritados para conversar. Para no verse llevado a una fiebre absoluta por el fuego que los delicados hábitos del señor Woodhouse requerían casi todas las noches del año, poco después se despidió apresuradamente y caminó a casa, hacia la frescura y la soledad de Donwell Abbey.

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