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Capítulo XXVII

come, así que digo una cosa y luego digo otra, y pasa desapercibido. Pero hacia la mitad del día le entra hambre, y no hay nada que le guste tanto como estas manzanas asadas, y son sumamente saludables, porque el otro día aproveché la oportunidad para preguntarle al señor Perry; me dio la casualidad de encontrármelo en la calle. No es que tuviera ninguna duda antes; tantas veces le he oído al señor Woodhouse recomendar una manzana asada. Creo que es la única manera en que el señor Woodhouse considera que la fruta es del todo saludable. Comemos empanadas de manzana, sin embargo, muy a menudo. Patty hace una excelente empanada de manzana.

—Bueno, señora Weston, al fin se ha salido con la suya, espero, y estas señoras nos complacerán.

Emma estaría “encantadísima de esperar a la señora Bates, etcétera”, y por fin salieron de la tienda, sin más retraso por parte de la señorita Bates que,

“¿Cómo está, señora Ford? Le pido perdón. No la había visto antes. Me enteré de que tiene una encantadora colección de cintas nuevas de la ciudad. Jane volvió encantada ayer. Gracias, los guantes están muy bien; solo que un poco grandes de muñeca, pero Jane los está achicando”.

—¿De qué hablaba? —dijo ella, volviendo a empezar cuando ya estaban todos en la calle.

Emma se preguntó en cuál, de todo aquel revoltijo, se fijaría.

–Declaro que no recuerdo de qué estaba hablando.⁠—¡Ah! Las gafas de mi madre. ¡Qué detalle tan amable por parte del señor Frank Churchill! > «¡Ah!⁠—dijo⁠—, creo que puedo arreglar el remache; me encantan los trabajos de este tipo».⁠—Lo cual, ya sabe, demostró que es alguien tan sumamente… De verdad

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