resolución de rechazo no hizo sino volverse más interesante con la adición de un plan para su posterior consolación y felicidad. Su recuerdo de Harriet, y las palabras que lo revestían, la «hermosa amiguita», le sugirieron la idea de que Harriet lo sucediera en su afecto. ¿Era imposible?—No.—Harriet era indudablemente muy inferior a él en entendimiento; pero él se había quedado muy prendado de la hermosura de su rostro y de la cálida sencillez de sus modales; y todas las probabilidades de circunstancias y conexiones le eran favorables.—Para Harriet, sería sin duda ventajoso y delicioso.
—No debo detenerme en eso —dijo ella—; no debo pensar en ello. Conozco el peligro de dar pábulo a tales especulaciones. Pero han sucedido cosas más extrañas; y cuando dejemos de querernos como ahora, será el medio de confirmarnos en esa especie de verdadera y desinteresada amistad que ya puedo vislumbrar con placer.
Era bueno tener un consuelo reservado en favor de Harriet, aunque fuera prudente dejar que la imaginación lo rozara rara vez; pues el mal en ese