además, todo su mal humor en Randalls, de modo que su amabilidad no le falló durante el resto de su estancia en Hartfield. Siempre se mostraba agradable y complaciente, y hablaba bien de todo el mundo. Pero a pesar de todas las esperanzas de alegría y de toda la comodidad actual de la demora, seguía cerniéndose sobre ella una amenaza tal, ante la hora de dar explicaciones a Harriet, que le era imposible a Emma estar jamás del todo tranquila.
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