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Capítulo LIII

podía»; y, en cuanto a la perspectiva de vivir en Hartfield, pudo exclamar con osadía: «¡Antes él que yo!». Pero la señora Elton estaba en verdad muy disgustada. «¡Pobre Knightley! ¡Pobre hombre!; triste asunto para él». Estaba sumamente afligida; pues, aunque muy excéntrico, tenía mil buenas cualidades. ¿Cómo había podido dejarse embaucar así? No creía en absoluto que estuviera enamorado; ni lo más mínimo. ¡Pobre Knightley! Se acabaría toda relación agradable con él. ¡Qué feliz había sido yendo a cenar con ellos siempre que se lo invitaba! Pero eso se habría acabado para siempre. ¡Pobre hombre! ¡Se acabaron las excursiones a Donwell organizadas para ella! ¡Oh!, no; habría una señora Knightley para echar agua fría sobre todo. ¡Sumamente desagradable!

Pero no sentía en absoluto haber insultado al ama de llaves el otro día.⁠—Un plan espantoso, vivir juntos. No funcionaría jamás. Conocía a una familia cerca de Maple Grove que lo había intentado, y se habían visto obligados a separarse antes de que terminara el primer trimestre.

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