Pero al fin pareció haber un giro perverso; pareció de repente como si tuviera más miedo de que fuera un mal dolor de garganta por causa de ella que por la de Harriet, más ansiedad de que ella escapara al contagio que de que no hubiera contagio en la dolencia. Comenzó con gran empeño a suplicarle que se abstuviera de volver a visitar la habitación de la enferma por el momento, a suplicarle que le prometiera no arriesgarse a tal peligro hasta que él hubiera visto al señor Perry y conocido su opinión; y aunque ella intentó restarle importancia con una risa y devolver el asunto a su cauce adecuado, no había forma de poner fin a su extrema solicitud por ella. Estaba disgustada. Sí parecía —no había cómo ocultarlo— exactamente como el pretexto de estar enamorado de ella, en lugar de Harriet; ¡una inconstancia, de ser real, de lo más despreciable y aborrecible!, y le costaba mantener la compostura. Él se volvió hacia la señora Weston para implorar su ayuda: «¿No le prestaría su apoyo? —añadiría sus persuasiones a las suyas para inducir a la señorita Woodhouse a no ir a casa de la señora Goddard hasta que fuera seguro que la enfermedad de la señorita Smith no era contagiosa? No podía estar satisfecho sin una promesa— ¿no emplearía su influencia para conseguirla?».
—Tan escrupulosa con los demás —continuó—, ¡y tan descuidada consigo misma! Ella quería que hoy me cuidara el resfriado quedándome en casa, y sin embargo no quiere prometer que evitará el peligro de coger ella misma unas anginas ulcerosas. ¿Es esto justo, señora Weston? Júzguenos usted. ¿No tengo algún derecho a quejarme? Estoy seguro de su amable apoyo y ayuda.
Emma vio la sorpresa de la señora Weston, y comprendió que debía de ser grande ante unas palabras y unos modales que se arrogaban el derecho de ser los primeros en interesarse por ella; y en cuanto a ella misma, estaba demasiado irritada y ofendida como para tener la capacidad de decir nada pertinente de inmediato. Solo pudo dirigirle una mirada; pero fue una mirada que, según pensó, debía devolverle el buen juicio, tras lo