“Y así ha de venir a vernos el próximo viernes o sábado, y los Campbell se van de la ciudad rumbo a Holyhead el lunes siguiente, como verán por la carta de Jane. ¡Qué repentino! ¡Pueden imaginarse, querida señorita Woodhouse, qué revuelo me ha provocado! Si no fuera por el inconveniente de su enfermedad, pero temo que debemos esperar verla desmejorada y con un aspecto muy enfermizo.
Debo contarle la desgracia que me ocurrió a ese respecto. Como usted sabe, siempre tengo la precaución de leer las cartas de Jane entera para mí primero, antes de leérselas en voz alta a mi madre, por miedo a que haya algo en ellas que pueda disgustarla. Jane me pidió que lo hiciera, así que siempre lo hago; y así empecé hoy con mi prudencia habitual; pero tan pronto como llegué a la mención de que no se encontraba bien, prorrumpí, muy asustada, diciendo: «¡Dios mío! ¡la pobre Jane está enferma!», lo cual mi madre, que estaba al acecho, oyó claramente, y se alarmó muchísimo. Sin embargo, cuando seguí leyendo, vi que no era ni con mucho tan grave como me había parecido al principio; y ahora se lo resto tan importancia ante