Los reyes de la estirpe normanda, y los nobles independientes que siguieron su ejemplo en todo tipo de tiranía, mantuvieron contra este abnegado pueblo una persecución de índole más metódica, calculada y egoísta.
Es una anécdota muy conocida del rey Juan que encerró a un rico judío en uno de los castillos reales y mandó que le arrancaran un diente cada día, hasta que, cuando la mandíbula del infeliz israelita se quedó medio desdentada, accedió a pagar una gran suma, que era lo que el tirano se proponía extorsionarle.
El poco dinero en efectivo que había en el país se hallaba principalmente en poder de este pueblo perseguido, y la nobleza no dudó en seguir el ejemplo de su soberano, arrancándoselo mediante toda clase de opresiones y hasta torturas personales.
Sin embargo, el valor pasivo inspirado por el amor al lucro impulsó a los judíos a desafiar los diversos males a los que estaban sometidos, en consideración a las inmensas ganancias que podían obtener en un país tan naturalmente rico como Inglaterra. A pesar de todo tipo de desaliento, e incluso