Desde otro punto de vista, sin embargo, la prisa del judío resultó ser más que una buena velocidad.
La rapidez con la que insistía en viajar suscitó varias disputas entre él y la partida que había contratado para que lo acompañara como guardia. Estos hombres eran sajones, y no estaban en absoluto libres del amor nacional por la comodidad y el buen vivir que los normandos estigmatizaban como pereza y glotonería.
Inviertiendo la postura de Shylock, habían aceptado el empleo con la esperanza de alimentarse a costa del rico judío, y se mostraron muy disgustados al verse defraudados por la celeridad con la que este exigía que prosiguieran la marcha. También protestaron por el riesgo de que sus caballos sufrieran daños debido a aquellas marchas forzadas.
Finalmente, surgió entre Isaac y sus satélites una disputa mortal en torno a la cantidad de vino y cerveza que debía permitírseles consumir en cada comida. Y así ocurrió que, cuando se acercó la alarma del peligro y aquello que Isaac temía estuvo a punto de abalanzarse sobre él, se vio abandonado por los mercenarios descontentos en cuya protección había confiado, sin haber empleado los medios necesarios para asegurar su fidelidad.
En esta deplorable situación fueron hallados el judío, con su hija y su paciente herido, por Cedric, como ya se ha indicado, y poco después cayeron en poder de De Bracy y sus cómplices.