—¿Quién ha reído ahí? —exclamó Front-de-Boeuf con mudado acento, pues el ruido del combate no impidió que los ecos de su propia y alocada risa volvieran a sus oídos—; ¿quién ha reído ahí? —Ulrica, ¿fuiste tú? —Habla, bruja, y te perdono—, porque solo tú o el demonio del infierno mismo podríais haber reído en semejante momento. ¡Aparta, aparta!
Pero sería impío trazar más adelante el cuadro del lecho de muerte del blasfemo y parricida.